domingo, 24 de mayo de 2015

Noticias inesperadas una fría mañana de un sábado cualquiera.

Y ahí estábamos, una vez más. En su cama, juntos, envueltos entre las sábanas, y sin ninguna prisa por movernos. Mi cabeza reposaba sobre su clavícula, y su brazo rodeaba mi cuello. Me sentía bien. Y aunque él estaba dormido, sabía que se sentía igual.

Y a pesar de todo, Daniel no abandonaba mi cabeza. Aún no conseguía comprender como la misma persona que entró al instituto con una pistola a por mi, había conseguido que le dejara dormir conmigo hacia dos semanas. Creo que cada día mi cabeza desvariaba más. Estaba claro que la próxima vez que lo viera, si es que lo volvía a ver, dejaría claro que no volvería a pasar nada entre nosotros.

Un extraño sonido desvío mis pensamientos. Javier seguía dormido. Me levanté cuidadosamente, sin despertarle, y desnuda me dirigí al salón, de donde procedía el sonido. Era una vibración. El móvil del hombre que reposaba en el dormitorio vibraba como loco sobre la encimera americana de la cocina. Lo cogí, cerré la puerta del cuarto, y sentada en un taburete de la barra, lo descolgué.

— ¿Si?
— Mmm... ¿Javier?

Una voz femenina se hizo oír a través del auricular. Sin razón alguna, mis mejillas de tiñeron de rojo y la furia se expandía por mi cuerpo.

— Ahora mismo no se puede poner. ¿Quién eres tú?

— Alba, su mujer.


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